La educación de adulto en la actualidad
La educación de adultos está llamada a desempeñar una función integradora dentro del marco de la Educación Permanente, ya que el ser humano se haya en un proceso continuo de educación y formación que se extiende a lo largo de toda la vida. Las políticas europeas, respaldadas por organismos internacionales como la UNESCO, han dado lugar, en este campo, a la realización de propuestas generales de acción que pretenden mejorar la calidad y la eficacia de los sistemas educativos.
Aunque
todo este proceso de concienciación también necesita profesores entregados y
motivados. Pero, sobre todo, formados. Hace algunas décadas, la formación del profesorado en la
educación para adultos estaba basada en la experiencia previa con otros cursos
de primaria y de secundaria, la cual resultó imprescindible para conformar una
base formativa para el aprendizaje en este ámbito. Ello no provocaba que se
tuviera la sensación de que a los docentes de las escuelas de adultos nos
faltara preparación, dada la tipología de los alumnos y de la especificidad de
los estudios. O dicho de otro modo, tratábamos la educación para adultos como si fuera una educación para
niños o adolescentes.
Afortunadamente, y desde hace bastantes años, ha habido una mejora sustancial
de la calidad formativa en la educación para adultos. Y todo gracias al trabajo
de profesionales que han querido mejorar las metodologías en este ámbito
educativo.
Si tenemos en cuenta que, entre otros
factores, algunas maneras de enseñar les han hecho fracasar en su época
formativa anterior, queda claro que no podemos enseñar como antes a unos
alumnos que pretenden retomar los estudios. Por ello, y para conseguir ese
clima de confianza, los profesores deben agitar a los alumnos con metodologías que se aparten
de las de toda la vida, que sean más vivas, dinámicas, prácticas, que conecten
con su entorno real y que permitan la reflexión de lo aprendido y cómo se ha
aprendido. De este
modo, se consigue el ambiente ideal para motivar a los alumnos a rehacer y encaminar el proceso de aprendizaje.
Así, y
desde mi experiencia en la formación permanente, el docente debe fomentar métodos de aprendizaje motivadores con proyectos
reales que permitan el análisis y la reflexión sobre el mundo que nos rodea,
con el objetivo de aprovechar y mejorar las herramientas cognitivas y
metacognitivas de nuestros alumnos. De esta manera la educación para personas adultas tendrá sentido,
ya que sabrán focalizar su aprendizaje en la vida y sabrán valorar la
oportunidad que nunca les concedió el sistema educativo para completar su
formación. Pero también tomarán consciencia de que el viaje de su educación aún
no ha acabado y que tienen toda una vida para aprender, descubrir y compartir.


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